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Juan Carlos Manríquez explicó a Cooperativa los alcances del proyecto de control preventivo de identidad, enfatizando que “cada vez hay más niños involucrados en hechos delictivos de mayor gravedad».

El abogado penalista y doctor en Derecho, Juan Carlos Manríquez, comentó en Cooperativa en Ruta, la discusión del proyecto de control preventivo de identidad, en que el Gobierno propone que sea desde los 14 años, mientras la DC presentó una indicación donde apunta a que sea desde los 16 años.

«Entender que el sistema penal pueda afectar a niños o personas en formación sin siquiera tener la sospecha de que han cometido delitos, sino que se les controla para evitar que lo cometan, podría interpretarse como una intervención excesiva y demasiado anticipatoria, sin embargo, cada vez hay más niños involucrados en hechos delictivos de mayor gravedad», dijo, enfatizando que “cada vez se utilizan más menores de edad por organizaciones criminales que se aprovechan que son inimputables”.

En la misma línea, agregó que los menores de hoy “tienen características muy distintas a las de hace algunos años: hay uso de armas y uso de drogas, entonces, esa impunidad inicial que tienen, debe ser -de alguna manera- controlada y combatida. Pero el control de identidad que, si bien puede estar bastante bien inspirado, está mucho antes que la intervención de un Sistema Penal por la comisión de un delito o porque se presuma que alguien lo ha cometido y que está en una situación que se llama flagrancia”.

“El control de identidad es una cuestión prepenal, anterior, que lo único que permite es que la policía detenga muy poco tiempo, a una persona para verificar quién es, supuesto que tenga dudas de quién es esa persona, y supuesto que no intente conectarlo con un delito, porque si lo hace, entonces se aplican otras garantías y otros procedimientos. En consecuencia, ahí es donde está el problema: si es necesario controlar siempre y a todo evento a menores de edad para luego poder decidir si son 14 o 16 años el tiempo en que la policía o el sistema criminal, pueda tener contacto con un menor”.

Manríquez también explicó que “rebajar la edad permitiría que el Sistema Penal tome contacto con más personas anticipadamente, y con la lógica de la prevención y de acuerdo a una política criminal más invasiva».

«Ello, en teoría, podría evitar que hechos más graves se cometan si se interviene con anterioridad, sin embargo, hay que tener en consideración que –técnicamente- los menores de edad, de acuerdo a nuestra propia ley y al derecho comparado, no cometen delito ni se les dice delincuente, se les denomina jóvenes infractores de ley.  Y eso no es solo un eufemismo, porque de acuerdo al derecho comparado, a una serie de otras normas y estudios internacionales, los menores se entienden personas en formación. Es más, hay ciertas tendencias que entienden que una persona es niño hasta los 21 años, entonces, en este caso, entender que el Sistema Penal puede afectar a niños o a personas en formación -sin ni siquiera la sospecha de que han cometido un delito, sino que se les controla para evitar que lo cometan- entonces en ese caso, uno podría suponer que la intervención es excesiva”, detalló.

Asimismo, el abogado y profesor de magíster, aseveró que “cada vez hay más niños involucrados en hechos delictivos, entonces el problema es si se requiere más seguridad y limitar la libertad de los niños en algunos casos específicos, lo que –al parecer- el parlamento estaría por responder que sí”.

“También se pueden considerar otros factores, uno no sabe si es una delincuencia por convicción, son actos contraculturales, anticulturales o se trata de organizaciones culturales paralelas que, a través de una suerte de rebelión o protesta social -como ocurre en determinadas tendencias anarquistas- lo que se pretende es manifestarse contra el orden constituido, entonces, tampoco están muy claras las motivaciones”, dijo.

Y afirmó: “Otros casos son cuando vemos a jóvenes participando en los portonazos, portando armas o traficando drogas, y ahí hay algo bastante lejano a la protesta social y se trata de situaciones bastante distintas a cuando vemos a otro joven haciendo rayados”.

“Por todo ello, hoy en día uno podría sostener que el concepto internacional de niño o joven ha variado: maduran anticipadamente, tienen otro tipo de conductas, son más reactivos, y podríamos pensar que, razonablemente, es necesario elaborar nuevas herramientas de control social, pero eso no es siempre del gusto de todos, porque el control social involucra -muchas veces- limitar libertades de las personas o lo que se denomina ‘el etiquetamiento previo’, vale decir, porque alguien se viste distinto, habla distinto, reacciona distinto, entonces tenemos que mantenerlo al margen o controlado porque puede presumirse que va a cometer un hecho penal y no siempre es así. Pero es un tema complejo porque hoy el recurso de la violencia es bastante más usual que hace algunos años”, puntualizó el abogado, reiterando que “hoy un joven de 14 años no es el mismo que hace 10 o 20 años”.

Fuente: Cooperativa