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Juan Carlos Manríquez dijo a El Mercurio de Valparaíso que considera que sí debe discutirse el cambio de Constitución, aunque lejos de la rabia. 

En medio de las demandas sociales que se discuten transversalmente después del inicio de las protestas a nivel nacional hace dos semanas, hay varias voces -en la calle y en el Parlamento- que ven necesario hacer una nueva Constitución.

A días de que terminara el segundo gobierno de Michelle Bachelet se presentó un proyecto para cambiarla, luego de un proceso participativo mediante diálogos en grupos. Sin embargo, esa carta fundamental no vio la luz y hoy la idea vuelve a tomar fuerza.

«Desde el Frente Amplio empujamos una Asamblea Constituyente, pero que el Presidente de la República convoque un plebiscito y le pregunte a la gente», dijo durante la semana el senador Juan Ignacio Latorre, mientras que el diputado Rodrigo González y la bancada PPD presentaron un proyecto de Reforma Constitucional para un plebiscito vinculante. El senador RN, Francisco Chahuán también, se sumó: «No está escrita sobre piedras y hay que buscar las fórmulas para modificarla». Incluso el Presidente Sebastián Piñera no cierra la puerta: «No descarto ninguna medida y estoy abierto a considerarlas todas», dijo el miércoles al ser consultado sobre una nueva Constitución.

Qué se puede y cómo

De acuerdo a la actual Constitución, creada en 1980 y vigente a la fecha con varias modificaciones, su reforma -a través de un proyecto de ley de reforma constitucional, presentado por el Presidente o parlamentarios en ejercicio- debe ser aprobada por tres quintas partes de los diputados y senadores en ejercicio, salvo ciertas materias con quórum reforzado de dos tercios. Si ambos poderes del Estado no logran acordar el contenido de las reformas, el Presidente podrá convocar a un plebiscito. Eso sí, la Constitución no contempla la posibilidad de hacer una Asamblea Constituyente.

«La vía institucional es reformando la propia Constitución y abriendo dentro de ella la posibilidad de que se genere un proceso constituyente de sustitución completa del texto, porque hoy la regulan solo reformas parciales», cuenta el director de la Escuela de Derecho PUCV, Manuel Núñez. «No está reglado en la Constitución del ’80. Si uno quiere mantener una tradición legal chilena se tendría que reformar el capítulo de la reforma abriendo la posibilidad para que el Presidente convoque a una asamblea para reemplazar y proponer un texto y que se pueda plebiscitar para que el pueblo decida si quiere o no una nueva Constitución. Si responde afirmativamente, se decidirá entre los modelos disponibles», dice.

Jaime Bassa, abogado constitucionalista, explica que «efectivamente la Constitución no contempla mecanismos de sustitución integral, salvo el de reforma constitucional, que se tramita como una ley en el Congreso. Se podría presentar un proyecto de ley de Reforma Constitucional reformando la Constitución en todo o en parte, pero eso no necesariamente sería una nueva Constitución, y lo que se está buscando es cómo generar mecanismos institucionales para que esta voluntad constituyente de este momento pueda tener una manifestación constitucional. Lo que se ha estado trabajando son propuestas que reforman la Constitución habilitando un plebiscito; hay un proyecto presentado en la Cámara de Diputados para reformar los artículos 15 y 32 de la Constitución y autorizar al legislador o al Presidente de la República a que convoque a un plebiscito. Todas estas actividades e iniciativas que vemos en estos días, los cabildos abiertos y otros, van a necesitar en algún momento una concreción institucional».

El expresidente del Colegio de Abogados de Valparaíso, gestor de «Abogados por los Derechos civiles, Democracia y Nuevo Trato» y litigante ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Juan Carlos Manríquez, considera que sí debe discutirse el cambio de Constitución, aunque lejos de la rabia. «Los avances que permitieron las modificaciones de 2005 fueron rápidamente superados por una realidad más dinámica, y un texto constitucional tan ‘parchado’ va perdiendo fuerza y adhesión cívica. Las condiciones para ir fijando el marco de trabajo están dadas hoy».

¿Qué cambiar?

El también asesor del Congreso señala como puntos a abordar que «las bases constitucionales abran el espacio a nuevos liderazgos y grupos etarios, de origen y de pensamiento, y así cambiar, por ejemplo, los enclaves que permiten afectar la pensión de mujeres jubiladas, alargando de manera ficta sus expectativas de sobrevivencia y así bajar el monto de las mismas. El número de parlamentarios debe estudiarse muy bien, el Tribunal Constitucional y la orgánica y funcionamiento del Ministerio Público y los tribunales».

«Resulta evidente que deberán discutirse aspectos tales como: derecho de aguas, sistema previsional y de salud, educación, entre otros. Asimismo, habrá que regular una mayor o menor participación o regulación del Estado en dichas materias», afirma Paula Artus, jefe de la carrera de Derecho UVM, quien asegura que «más allá de cualquier postura política partidista y considerando el reclamo de la ciudadanía arduamente manifestado en los últimos días, resulta evidente la necesidad de una reforma o cambio constitucional».

A esto, Bassa añade que «la Constitución tiene tres problemas de legitimidad: «De origen, fue redactada en dictadura, lo que atenta contra el principio democrático; busca impedir que la voluntad popular se manifieste libremente en la política normal, en el Parlamento, en el ejercicio de los programas de gobierno; y no es una constitución que garantice reglas imparciales para el juego democrático, sino que impone un proyecto político determinado propio de la dictadura, de corte neoliberal», dice, pues afirma que se creó «un sujeto político mercantilizado».

Para Núñez, la crisis social actual puede ser solucionada con una nueva Constitución «solo parcialmente. Lo peor que le puede pasar a un proceso constitucional es que la gente ponga todas sus expectativas en una nueva Constitución y terminemos quedando igual o peor de como estábamos, aunque una revisión de los acuerdos fundamentales de 1980 claramente que es necesario. Viene de la época de la Guerra Fría y de la dictadura y por muchas reformas que se hicieron no ha logrado todavía transformarse en un documento que represente la unidad del pueblo chileno. La urgencia no es buena consejera, cuando se restablezca el orden debiesen venir las instancias que se propongan».

Dirigentes asienten

En las comunidades ya se están haciendo varios cabildos para avanzar en saber qué temas son más importantes para los sectores. Guillermo Risco, presidente en ejercicio de la Unión Comunal (Unco) de Juntas de Vecinos de Valparaíso, cuenta que hay uno en Placilla y esperan entregarlo a las autoridades en unos 10 días más. Plantea que hay que cambiar la Constitución «por una que sea elegida desde abajo, desde la base, donde haya cuestiones importantes como la conservación de los recursos naturales, ver la propiedad privada porque hay un montón de fundos y latifundios que están tomados pero el Estado no puede hacer nada, y ese es el problema en Valparaíso. Hay que reemplazar el pino y eucalipto por bosque nativo y que el Estado lo subsidie. Las asambleas constituyentes son buenas, pero es importante que todos los sectores se sientan representados, y eso debería empezar a discutirse en este momento».

El presidente de la Agrupación de Juntas de Vecinos Plan Viña, Sergio Ostornol, dice: «La Constitución requiere algunos cambios de cosas que son necesarias para ponerse al día. Han pasado 40 años desde su publicación y el mundo ha experimentado cambios que no se han discutido en los 30 años de restitución de la democracia. Al igual que todo proyecto, hay que hacer arquitectura antes de construir. Una nueva o una actualización tomará 10 o 15 años y debe ser bien hecha y sin premura».

Saber qué dice

Por el contrario, Ermelinda Cisternas, presidenta de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos de Achupallas y Santa Julia, comenta que «más que cambiar la Constitución, creo yo que debería cumplirse. Hoy existe una grave deficiencia en las políticas públicas sociales (…) Es súper importante que también la gente sepa qué dice la Constitución de la República de Chile, porque muchos chilenos no tienen idea de qué se trata. Hice un ejercicio: llamé a 13 personas diferentes y ninguna la había leído, no tenían idea, pedían que fuera cambiada pero jamás la leyeron, y creo que es indispensable educar a la gente, la educación cívica en los colegios debe estar».

Desde la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados, Marcelo Díaz (PS) asegura que «es fundamental, porque buena parte de las demandas que la gente está exigiendo tienen siempre un tope, porque ésta expresa un modelo de desarrollo económico que limita las posibilidades de los gobiernos de dar respuestas a esas demandas. Desde construir un nuevo sistema previsional hasta asegurar derechos laborales más robustos, e incluso de medidas tan simples como rebajar la dieta y las altas remuneraciones del Estado requieren cambios constitucionales con altísimos quórum. Esta es una Constitución pensada para hacer intangible las bases de un modelo que perpetúa las desigualdades», por lo que cree que debe desarrollarse a partir de un plebiscito para que los chilenos definan cómo elaborarla. «Debiera ser a través de una asamblea constituyente, y hay que alejar de la cabeza los fantasmas del chavismo, hay experiencias de naciones desarrolladas que han llevado a cabo asambleas constituyentes en orden y tranquilidad».

Fuente: El Mercurio de Valparaíso